"Por eso intenté olvidar todas las reglas y formas. Solo quería poner lo que quería escuchar. Esta podría ser la última vez."
— Ryuichi Sakamoto
En el umbral entre la vida y la muerte, el arte encuentra su expresión más pura. Ese es el territorio que habita Async (2017), el álbum que el compositor japonés Ryuichi Sakamoto creó tras superar un cáncer de garganta y un bloqueo creativo de ocho años. No es un disco fácil. Es una declaración existencial, una banda sonora para una película que nunca se filmó.
Sakamoto, figura clave de la música electrónica desde su paso por la Yellow Magic Orchestra (YMO), construyó una carrera de décadas. Pero Async es una ruptura. No encontraremos aquí la energía estridente de sus primeros trabajos, ni la sofisticación melódica de sus bandas sonoras para El Último Emperador. Lo que emerge es una arquitectura hecha de silencios, objetos cotidianos y una oscuridad profundamente reflexiva.
El contexto: El heraldo de la muerte
La creación de Async está ligada al diagnóstico de cáncer de Sakamoto en 2014. Tras superarlo, se enfrentó a un bloqueo de casi una década. Según confesó: "Ya no quería hacer música que sonara como música. Quería hacer sonidos que significaran algo".
A esto se sumó el trauma del tsunami de 2011 en Japón. Sakamoto, activista medioambiental, vivió esos eventos como un recordatorio brutal de la fragilidad de nuestra civilización. Esa doble herida —la personal y la colectiva— es el núcleo emocional del álbum.
Una sinfonía de objetos y silencios
Async está construido a partir de sonidos "encontrados": grabaciones de campo de Nueva York y Tokio, el susurro del viento, el golpeteo de una máquina de escribir, los pasos de un hombre caminando sobre hojas secas ("Walker").
Al incorporar lo mundano a su paleta sonora, Sakamoto desacraliza la música al mismo tiempo que santifica la vida cotidiana. Los pianos no son perfectos. Son instrumentos que han sufrido, que sobrevivieron al tsunami, con cuerdas tensas y heridas. El compositor buscaba "hacer sonar los instrumentos como objetos", acercándose al concepto japonés de wabi-sabi: la belleza en la imperfección y la transitoriedad.
Diálogos con el tiempo: Tarkovski y la poética del instante
La influencia más crucial en Async es la del cineasta ruso Andrei Tarkovski. Sakamoto quería que el álbum sonara como la banda sonora de una película que el director nunca rodó. Tarkovski, en Esculpir en el tiempo, definía el cine como el arte de esculpir la duración, de hacer que el tiempo respire. Sakamoto aplica esto al sonido.
Canciones como "Life, Life" (con poesía de Arseni Tarkovski) o "Fullmoon" (con la voz de Paul Bowles recitando sobre la muerte) son ejemplos perfectos de este diálogo entre arte, tiempo y mortalidad.
Una advertencia contra la fragmentación
El título Async ("asincrónico") es una declaración. Sakamoto desafía la sincronía y la armonía tradicional, creando una sensación de desajuste que resulta orgánica.
Esto es una poderosa metáfora de nuestra condición contemporánea:
"En este mundo de innumerables puntos de vista e información ilimitada, cada persona elige solo la información que le interesa, y las personas con intereses similares se reúnen y forman un grupo. [...] Los grupos con diferentes intereses apenas se comunican entre sí."
Async nos entrena para escuchar sin prejuicios, para la complejidad y la diferencia. Es un recordatorio de que la belleza y el significado no residen solo en la unidad, sino también en el conflicto.
La efímera y la eternidad
Sakamoto nos confronta con nuestra propia finitud. Vivimos tan absortos que olvidamos que quizás solo veremos la luna llena diez o veinte veces más. Quizás solo una. Esta conciencia no es pesimista, sino liberadora.
Async desmantela la ilusión de la eternidad. La canción "Andata" ("ida" o "viaje sin retorno") encapsula este sentir con una melodía que se desvanece como un suspiro.
Conclusión: Un viaje al subconsciente
En un mundo saturado de estímulos efímeros, Async es un acto de resistencia. Es un viaje al subconsciente que despierta emociones dormidas, un retorno a la tristeza de la infancia y un encuentro prematuro con la muerte que, paradójicamente, nos devuelve a la vida.
No importa desde dónde se lo escuche. El álbum nació para interpelar al oyente, para hacerlo parte de su atmósfera de nostalgia y caos. Async no es solo un disco. Es presenciar un adiós y un renacimiento.
